Entrevista a Manuel Retes (parte 1)

LA BIBLIOTECA COMO EQUIPAJE

POR MARCELO MAGGIO

Con quién hablar sobre bibliotecas sino con el hombre que tiene la fama de ser el mayor lector de esta ciudad, el devorador de libros, el que conoce las palabras del castellano antiguo, la poesía gauchesca, el que saca como daga un verso de Borges para derrotar al oponente de debate. Tengo la certeza de que la nota está resuelta antes de sentarme a charlar, hasta que el hombre me dice “sí, he tenido muchísimos libros, pero los he ido dando a todos”. Manuel Retes, “El Vasco”, no es un hueso fácil. Así que después deasimilar el golpe al mentón, voy por él.

–¿Cómo es eso, Retes?

–Mirá, pibe, para mí la lectura es un vicio, es ‘mi’ vicio. He tenido muchísimos libros personales, y los he ido dando todos, porque el libro no es de nadie, los libros son de todos, le pertenecen al mundo. ‘Yo tengo una biblioteca…’ ¿y?, la leés vos y dos o tres amigos. No, la biblioteca tiene que ofrecerse al pueblo.

¿Entonces no tiene una biblioteca en su casa? Algún libro debe tener…

–Tuve, sí, ¡y qué biblioteca! Unos cuantos miles de libros. Me he quedado con algunos, los que más me gustan, o por la cuestión sentimental, como El Quijote, Martín Fierro, Los Miserables, también libros de historia de las matemáticas, de historia de la ciencia, esos también los tengo.

Veo que de esos no se puede desprender.

–Igual lo voy a hacer, no te creas, porque tengo ubicados quiénes se van a quedar con esos libros cuando me muera. Cuando llegue el día de mi último viaje, como dice Machado, me encontrarán a bordo ligero de equipaje, casi desnudo, como los hijos de la mar, porque el apego, como dicen los budistas, es una mala cosa, sobre todo cuando se hace sobre algo que puede mejorar a los demás, eso no lo podés monopolizar vos.

–¿Me cuenta de su infancia y sus primeras lecturas?

–Yo tuve un abuelo anarquista. Mi viejo era forrajero y radical, pero un tipo con el mate bien abierto. Recuerdo que en mi casa había una colección muy grande de una revista que se llamaba Leoplán. Crecí en Balcarce y el primer libro que leí yo solito todavía lo tengo, Amadís de Gaula, un libro de caballería, la historia de un caballero andante. Es mi primera lectura personal.

–Después usted vivió en Tandil, ¿cierto?

-Pupilo, en un colegio de curas jesuitas, a los que he puteado toda mi vida pero a los que les reconozco gran parte de mi amor por el conocimiento. Cuando terminé el secundario mi viejo me fue a buscar el último día de clases y lo encaró al cura que había sido mi mentor (el tipo que estaba cerca tuyo y le podías preguntar cosas, y como yo era muy preguntón me daba libros y libros). Mi papá le dice: ‘este muchacho ¿qué tal, qué le parece?’. ‘Es medio ingenuo, se va a golpear’, le dice el cura. ‘Pero yo creo que va a andar, aunque nosotros de cada cien alumnos que largamos, tres o cuatro clavado que nos salen comunistas’. A las tres semanas de estar en La Plata me estaba afiliando a la Federación Juvenil Comunista.

–¡Se la vio venir y avisó el hombre! ¿Usted comienza a estudiar medicina en La Plata?

–Sí, y nunca dejé de estudiar medicina. ‘¡Eh! Pero los médicos se dedican a hacer guita’, eso no entra en la discusión, porque si es algo que ejercen los seres humanos va a estar viciado con todas las porquerías que tenemos, pero el asunto no está en cómo se hace sino en cómo debe ser. ¿Cómo debe ser la medicina, para quién es la medicina? Es para ayudar a los demás. La medicina no es para hacer guita, eso cae de maduro, pero uno tiene que decirlo porque es lo que la gente cree, que uno es médico para hacer guita. Y puedo hablar con toda la jeta porque vivo de mi jubilación, no tengo propiedades, ni casa ni auto, nada. Mi único deseo es poder ser útil a mis semejantes, incluso más allá de la política, en lo cotidiano. Sí, ya sé, hay hijos de puta que ganan lo que no debieran ganar, que tienen lo que no debieran tener, son la borra de la sociedad, y son poderosos.

–Y mientras estudiaba medicina ¿le daba un lugar a las lecturas de formación política?

–Sí, sobre todo a los clásicos, Lenin y Marx. El otro día una gente del partido me visitó, aunque no estoy más afiliado, pero fue mi primer amor… Sí, leí todo eso. Después renuncié, porque eran unos dogmáticos.

–¿Qué lugar ocupa la literatura en ese camino?

–Todo. Actualmente mis lecturas son de literatura. Tengo dos CDs con Don Quijote y lo escucho todas las noches, porque esa belleza del manejo del idioma es una obra de arte, no me canso de contemplarlo.

 

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Publicado en: Blog

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