Dossier Letras y Cárceles: “Cuando leemos vivimos otras vidas”

Dossier Rama Negra Nº 1
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La Escuela de Educación Media N° 8 “Padre Carlos Mugica” impulsó la 1° Feria del libro en contextos de encierro en las Unidades Penitenciarias 13, 16 y 49, ubicadas en Junín. Fue durante los días 15, 16 y 17 de junio. Raquel Wendel, bibliotecaria y docente de la institución, explica cómo es trabajar la cultura en contextos de encierro y qué significó para ella organizar una actividad de este tipo.

La biblioteca de la Unidad 49 es chiquita, como las celdas en las que conviven, hacinados, los internos. En ella no hay lugar para poner una mesa con sillas –algo que, al pasar, nuestra entrevistada lamenta–, pero no por ello deja de ser un lugar acogedor, prolijo, cuidado, dentro de la sección destinada a la escuela 8. La falta de espacio es un tema que aparece en las conversaciones, pero ella busca el modo de que quienes se acercan a la biblioteca estén cómodos: “Ayer tuve diez chicos leyendo revistas que tienen que ver con animales. Les dije que se busquen un banco largo y se sienten, porque estaban ahí parados. Estuvieron mucho tiempo en sus mundos mientras leían el material”. Se apasiona cuando relata ese ensimismamiento, como si ese hubiera sido siempre su objetivo en el trabajo: “Yo les digo que cuando uno lee no sólo vivimos nuestra vida, sino que nos ponemos a vivir la vida de todos los protagonistas y nos ponemos en distintas situaciones”, dice.
Raquel entró a trabajar en la Unidad 13 en el año 2008 como maestra para adultos en primaria, por listado de emergencia, y estuvo allí cuatro años y medio, hasta que otro docente tomó su cargo. “Me sentí terrible, no sólo por lo que significó quedarme sin trabajo, sino también por lo que significa para mí trabajar ahí. Cada vez que pasaba por la rotonda de la cárcel deseaba volver a entrar. Es más, había hablado con personas que trabajan desde el servicio penitenciario para ir como voluntaria. Tenía la necesidad de estar ahí”.
Afortunadamente –para ella y para quienes reciben su trabajo– a Raquel se le cumplió el deseo. Ahora es bibliotecaria de las tres Unidades (13, 16 y 49) y de la extensión de la Escuela Nº 8 en Guardia Armada, un espacio dentro del mismo complejo en el que los penitenciarios que no tienen terminados los estudios secundarios pueden hacerlo.
Para muchos sonará a locura estas fuertes ganas de Raquel de ingresar a un lugar del que todos desean salir lo más pronto posible. Pero ella es contundente a la hora de explicar por qué cree tener el mejor trabajo del mundo: “Trabajar acá me hace sentir muy útil, los alumnos esperan. Acá puedo decir que lo que hago sirve, y eso no me pasaba en otros lados. La necesidad de tener contacto con gente de afuera, la palabra que les llevamos y el trato que les damos es fundamental. Para mí cada uno es un alumno más. Yo no los miro como presos, sino como alumnos. Si tuviera prejuicios sobre ellos, no podría estar ahí”.

Trabajar en la biblioteca

Raquel afirma que nunca ha encontrado resistencias a la hora de invitar a leer a los internos, aunque “a veces de quince alumnos sólo dos, o uno, pide algún libro. Pero con el tiempo empiezan los demás, y a los veinte días o más prestaste cinco”, se entusiasma.
En cuanto al modo de trabajo, cuenta que “en la Unidad 49 voy yo a las aulas. En principio llevaba el catálogo y ellos elegían. Pero ahora me conseguí un changuito de supermercado y cargo el material ahí. Esa fue mi mejor inversión, porque ver los libros en el changuito es otra cosa, convence más”.
Ante la pregunta acerca de qué materiales lleva habitualmente, Raquel cuenta: “Yo ya sé más o menos qué piden. Novelas cortas, cuentos de terror, o de humor como el de Landriscina; las leyendas, en especial leyendas urbanas como la del Gauchito Gil o la Difunta Correa, y mucho de autoayuda. Me piden también el Código Procesal Penal, pero no lo tenemos. Muchos de ellos quieren leerlo para interiorizarse en sus causas”.

La feria del libro

“El año pasado hice las prácticas de bibliotecología en la Unidad 16 con una compañera, entonces estábamos haciendo un proyecto y tiramos ideas. En realidad es a ella a quien se le ocurre, y comenzamos a hablar con gente. Ya el año pasado iniciamos la organización, y teníamos muchas personas interesadas en participar, pero al estar terminando el año, había muchas actividades extracurriculares programadas, entonces lo pospusimos”, cuenta Raquel.
“Me sorprendí cuando comencé a contactar gente, por la buena predisposición, porque no toda la sociedad está dispuesta a participar en una feria en la cárcel y compartir su trabajo con los detenidos. Pero también pienso que si esas personas a las que contactamos escriben, seguramente es porque tienen la cabeza más abierta”. Raquel confió en el proyecto desde un principio, porque “esta feria era el modo de acercarles la cultura, los libros. Ellos están muy alejados de eso, y no ahora, sino siempre. No han tenido la suerte de que desde pequeños alguien les cuente un cuento, y ese acercamiento es importante, porque la palabra es muy importante”.
También la feria fue el marco para presentar el libro Sin fronteras, que reúne relatos, cuentos y poesías realizados en un taller literario que Raquel coordinó durante 2014, además de los textos ganadores de un concurso literario intercarcelario realizado en la escuela de verano 2015.

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Publicado en: Blog

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