Letras y cárceles. Introducción

Compartimos la introducción al dossier “Letras y cárceles” que fue publicada en la revista Rama Negra Nº 1, septiembre 2015. Al final, algunos recursos que podés encontrar en la web y que se relacionan con lo dicho en estas líneas.

detenido

Introducción

Por María Silvia Biancardi

La reja es la excusa, la reja no existe, es momentánea, atraviésala con tus palabras. Julián Axat

Son tiempos en los que la situación carcelaria se discute desde cualquier sobremesa. Cada mostrador de cada barrio es una tribuna para opinar sobre lo mal que hace tener una cárcel cerca, pero lo bien que hace que haya una cárcel que encierre a todos los delincuentes. Y es que el espacio al que le dedicamos estas páginas está lleno de paradojas. Como cuando escuchamos decir que los delincuentes “entran por una puerta y salen por la otra” y, sin embargo, ingresamos a la mole gris de hastío y cemento y vemos una población carcelaria que crece y crece. Poblada. Superpoblada.

La cárcel está hecha para quien está al margen de la ley, sin embargo, no es más que la validación misma de esa ley que se está incumpliendo. Así, quien castiga y vulnera los derechos de otros encuentra en el sistema carcelario, paradójicamente, su propio castigo y sus propios modos de hacerse vulnerable. Y como si todas estas paradojas fueran pocas, hablamos aquí de “espacio” cuando, justamente, es espacio lo que se siente en falta cuando allí se ingresa.

Pero no es nuestro interés discutir aquí la eficacia o no del sistema, el lugar de la delincuencia en la sociedad o las causas de la sobrepoblación carcelaria. Nos interesa más bien el rol que tiene en este lugar la palabra escrita.

La escritura parece algo ajeno a la cárcel. No abunda en nuestras ideas sobre el lugar una referencia precisa a papeles y lápices, más bien imaginamos suciedades –en plural–, armas de fabricación casera y drogas ingresadas turbiamente. Sin embargo, no hay lugar ni asignatura que se relacione tanto con la escritura como la que rige al sistema carcelario. Miles de expedientes con palabras escritas resuelven la situación de cada uno de los que están en prisión. La escritura libera o castiga. La palabra pesa en cada interno como lo que realmente es: una sentencia inapelable.

Pero aquí hacemos referencia a otro modo de pensar la palabra escrita, y es aquella que se crea, ya sea en forma de poesía o de prosa, para dejar claro todo lo que el encierro no permite decir. Es esa escritura que libera la mente cuando el cuerpo no puede hacerlo. ¡Otra paradoja! La escritura libera a quien está encerrado.

Desde el primer día que ingresamos a una unidad penitenciaria supimos que estábamos ingresando a un lugar donde la escritura de ficción tenía un rol social importante. Escribir, como toda manifestación artística, permite deshacerse de estereotipos. Quien escribe no es “interno”, no es “delincuente”, puede romper con el estigma y volverse sujeto, en tanto lo que hace lo representa desde otro lugar.

Pero no se trata de ingresar a la cárcel para cumplir con la sociedad. Es mucho más que eso. También, en nuestras visitas al lugar, buscamos lugares nuevos donde hablar de lo que más nos gusta, la escritura y la lectura. Y partimos para ello de una convicción muy fuerte: la literatura necesita ser bajada del pedestal en que algunos la colocan y hacerse presente en cada lugar en el que alguien tenga algo para decir.

Porque, de algún modo, de eso se trata la literatura: no es un arte mayor alcanzado sólo por elegidos que han sido invadidos por sus musas, ni un proceso que surge de grandes mansiones con institutrices y horas del té. No necesariamente. También literatura es aquello que ha salido de este, el lugar más vejado y vapuleado a lo largo de la historia. Basta con recordar al Quijote para llegar a esta conclusión: “En el encierro de la cárcel fue concebido el más andante de los caballeros”, dijo Galeano en su obra llamada, curiosamente, “Paradojas”. Se refería así a la obra de Cervantes, ese malversador de fondos públicos, o exponente máximo de la literatura española, depende desde dónde se lo mire.

Por todas estas razones es que elegimos que el dossier de nuestro número 1 se refiera a esta relación entre escritura y cárceles. Y por eso mismo es que seguimos encontrándonos con escritores rejas adentro cada vez que podemos. Quizás de allí surjan grandes obras leídas luego en ediciones de cuero y discutidas en las academias del mundo. O quizás no, quizás lo que allí se escriba no trascienda más allá del alma de su autor. Sin embargo, en ese proceso de exorcizar las ideas y chocarlas contra los muros, en la posibilidad de ponerle palabras al padecimiento, o en la búsqueda del modo de decir lo que se está sintiendo, habrá una razón para seguir escribiendo.

TE RECOMENDAMOS:

Para conocer sobre la historia de las prisiones, su rol disciplinario y el concepto de “sociedad disciplinaria”, sin dudas deberías leer “Vigilar y castigar”, de Michel Foucault. Para un acercamiento previo a su lectura, podés mirar este fragmento de la clase de Darío Sztajnszrajber en la Facultad Libre de Rosario (¡después escuchala toda, no tiene desperdicios!).

El rol de la escritura en las cárceles también aparece en ficciones recientes. Es interesantísimo este fragmento de “Orange is The New Black”, la serie sobre mujeres en prisión. Suzanne “Ojos Locos” escribe una novela erótica que comienza a circular de manera clandestina entre las reclusas con muchísima repercusión. El fragmento no tiene subtítulos, pero podés ver la serie completa por Netflix o buscar el episodio 8 de la temporada 3, que es cuando la novela de Ojos Locos llega a ser un éxito.

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Publicado en: Blog

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