Mijaíl Bulgákov: “El maestro y Margarita”

bulgakovPor Agustín Molina

En Londres corrían los años sesenta, y un joven de poco más de veinte años no podía encontrar nada que lo entusiasme. Sumido en su depresión, le pidió a su novia que le preste el libro que estaba leyendo, y así fue como este joven comenzó la lectura de la póstuma –¿y mejor?– novela de Mijaíl Bulgákov.

Nunca sabremos si la novela en cuestión lo sacó de su estado anímico, si encontró alguna satisfacción con su lectura, pero cierto es que se sentó a escribir después de unos meses y compuso una canción que recorrería el mundo.

¿La canción? Es una que se llama “Simpatía por el diablo”. El joven, claro, era Mick Jagger.

Por favor, déjame que me presente

Soy un hombre de riquezas y buen gusto

Ando rodando desde hace muchos años, muchos años

He robado el alma y la fe de muchos hombres.

Yo estaba allí cuando Jesucristo tuvo

su momento de duda y dolor

y me aseguré por los infiernos que Pilatos

se lavara las manos y sellara su destino.

En Rusia ya está instalado el régimen comunista que, como se sabe, es declarado “ateo”. Y si no se cree en Dios, menos se cree en su contrapunto, y por eso el Diablo decide bajar a Moscú acompañado de su séquito: un hombre flaco, uno regordete, que podría ser confundido con un gato enorme, y una inquietante mujer.

Encantado de conocerte
Espero que sepas mi nombre
Pero lo que te desconcierta
es la naturaleza de mi juego

Disfrazado de mago, se hace llamar Voland, y sus trucos desnudan las debilidades de la comunidad: la avaricia, el consumismo, la vanidad.

Estaba cerca San Petesburgo

cuando vi que había llegado el cambio.
Maté al zar y a sus ministros

Anastasia gritó en vano.
Conduje un tanque, tenía el rango de general
cuando estalló la guerra relámpago

y los cuerpos hedían.

Todos los testigos que pueden acreditar su presencia terminan institutucionalizados en las cárceles y los manicomios del lugar, cuando no decapitados por el tranvía.

Así empieza el primer capítulo, cuando el propio diablo se presenta ante dos intelectuales rusos que, por supuesto, son ateos formados. Sin descanso, continúa el juicio y crucifixión de Jesucristo en primera persona, como para atar al lector a lo largo del relato.

Al Igual que cada policía es un criminal

y todos los pecadores santos
y cara o cruz es lo mismo,llámame simplemente Lucifer.
Necesito cierto freno

Así que si me encuentras, ten cortesía
un poco de simpatía y cierta exquisitez
Usa tu bien aprendida educación

¡O haré que se te pudra el alma!

Una crema que rejuvenece e invisibiliza y convierte en bruja voladora a una bella mujer que recorre los suburbios moscovita a bordo de su escoba, y una partida de ajedrez con piezas vivientes, que recuerdan a Alicia en el país de las maravillas, o la presencia de un personaje maléfico con raras costumbres, pero que en definitiva no es más que el Gato con Botas del Mal, nos llevan a recorrer un libro adentro de otro. Se suma la añoranza del borrador prendido fuego, tanto en el relato como en la realidad, cuando Bulgákov, por temor a la censura, decidió desprenderse de la primera versión de esta obra.

En estos tiempos convulsionados, donde todos creen tener razón y no dudan en soltar bombas y hacer volar todo por los aires, parece que Voland anda ofreciendo sus servicios de asesor, y emputeciendo a todo aquel que tiene la suerte de cruzárselo.

Nobleza obliga a una nueva disquisición: alguna vez me pregunté de qué sirve reseñar una obra, y me contestaba que no servía para nada, sólo para fijar algún que otro concepto de lo recién leído, para “devolverle” algo a la obra que finalizaba. Pero Pedro B. Rey en septiembre de 2015 reseñó esta obra en el diario La Nación, y por eso la leí; entonces cambió mi respuesta.

Lo demás se lo debemos a las casualidades, o a alguna mano supraterrenal de esas que acostumbramos descreer.

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