Becerra, o por qué presentar un libro

Becerra en Junín

Por Marcelo Maggio

Juan José Becerra llega para ser entrevistado en la Biblioteca Municipal de Junín. Luego hablará, ante un auditorio que se colmará, sobre su última publicación, El espectáculo del tiempo. Lo primero que le dice al cronista es que no le gusta presentar sus libros, que es una actividad que le resulta extraña. Señala que cuando un músico pone en escena su obra está claro el porqué, pero que las presentaciones de libros no las entiende bien ya que, incluso, pueden romper el valor de lo realmente importante, que es la relación del lector con la obra directamente.

Este cronista se va dando cuenta de que -de un modo latente- ha tenido esa sensación durante su vida, pero como algo difuso e inexpresable y que este escritor se lo dice de modo preciso, concreto. Será por eso, tal vez, que en cuarenta años quien esto escribe fue a tan pocas presentaciones para escuchar literatos y siempre prefirió la distancia con las figuras y la cercanía con sus obras.

Pero mientras avanza la entrevista -y luego la presentación- hay algo que se hace evidente: Becerra y el periodista estaban equivocados.

El compromiso con el que Becerra habla acerca de la literatura, la densidad que le imprime a su discurso, impactan de lleno en los sentidos. El periodista se lamenta de no haber ido antes a escuchar a muchos más como él, aunque quizás no haya tantos y se corra el riesgo de tropezar seguido.

Becerra habla acerca de la literatura y pareciera ubicarla ahí en donde está lo subvertido, lo desafiante, lo lúdico y sobre todo lo mágico, que claramente es mucho más trascendente que cualquier gesto religioso, porque lo precede y es fundante del gesto cultural humano. Eso parece querer decir Becerra, o es lo que queda flotando en el aire.

Nuestro autor pone a la literatura -tanto al gesto de escribir como al de leer- de frente a los oficios terrestres, cara a cara: la magia no debe transar ni ser reproductivista, debe ser sólo magia. ¿Pero a qué magia se refiere? “Leer nos traslada a esos momentos íntimos y personales, a la misma contemplación del fuego, a los tiempos remotos de la humanidad” (esto último es de memoria y sin recurrir al grabador, como todo este texto, ya que nos convoca un libro sobre los recuerdos).

A medida que va citanto autores se puede recobrar el placer por pensar en sistemas de referencias complejos, esos que la industria cultural borra casi intencionalmente. Proust, Borges o José Hernández aparecen en el discurso, pero no como cita obligada, ampulosa o como esos puntos de referencia históricos que cualquiera puede nombrar. No. Son sus amigos y ellos, los escritores, habitan acaso un lugar compartido de modo secreto. En estas charlas, escasas tal vez, nos dejan entrever esa intimidad, espiar por un ratito ese pathos que nos invita a tomarnos en serio la magia literaria, a renovar nuestro compromiso con todo aquello que esté por fuera de los oficios terrestres.

Becerra habla, pero el auditorio tiene que estar preparado para sospechar y no para definir, para enunciar y no para acertar, para imaginar y no para analizar. Sólo poner entre paréntesis el tiempo y jugar. Tal vez ya no estemos listos para volver a la seriedad del juego como cuando éramos niños, pero seguramente los escritores nos van ayudando. Es por eso que parece que presentar los libros sí está bueno, aunque claro, para que valga la pena nos tenemos que encontrar con un tal Juan José Becerra o alguno de sus amigos.

Continuará…

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2 comentarios en “Becerra, o por qué presentar un libro

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