“Series y grietas”: presentación en la 41ª Feria Internacional del Libro

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La Sala Domingo Faustino Sarmiento de la 41ª Feria del Libro de Buenos Aires estuvo colmada el sábado 9 de mayo, por la presentación de la nueva obra de Horacio “Velcha” Beascochea organizada por la Editorial Colisión Libros.

Después de su novela El porvenir es una ilusión, Beascochea arremete con una nueva publicación, esta vez de pequeños y potentes cuentos.

A simple vista las Series y Grietas parecían evocar a las mezquinas peleas partidarias que últimamente se han puesto de moda. Pero no. Estas Series y Grietas son mucho más profundas que una disputa por el lugar que se ocupa en el tablero político coyuntural.

Son grietas en serio. Entre la vida y la muerte. Entre comer o no comer. Entre el adentro y el afuera:

“-Y usté … ¿está adentro o afuera? –me increpó. Su cuerpo despedía la pestilencia de la exclusión y la pregunta resonó en mi cabeza.

Miré las migajas de mi bolsita y pensé en la precariedad laboral, los atajos para acortar el mes y lo que postergamos con la ilusión de concretarlo en el corto plazo, en una ciudad de renta petrolera obscena, proporcional a la desigualdad social.

-Creo que adentro… pero con un pie en la vereda”.

Potente y sencillo. Como el hambre. O como el miedo de tener hambre. Así es la prosa de Horacio que, al ser interrogado, nombró a sus elegidos: Cortázar, Rulfo, Murakami. Su andar sureño, sea de La Pampa natal, o de su Neuquén adoptiva, se hermana con los relatos de Osvaldo Soriano.

Un buscador de palabras, que evita dar golpes bajos. La realidad se ocupa solita de hacerlo. No hace falta ser panfletario y Horacio lo sabe y lo maneja con precisión.

Tiene como intención captar las voces que no se escuchan, parafrasea a Miguel Hernández, y evoca a Roberto Santoro y a David Viñas, y logra imponer lo sencillo con potencia.

Para los de nuestra generación, la de Horacio Beascochea, esa generación que era demasiado joven como para desaparecer, o demasiado vieja como para ser hijos de desaparecidos, el relato “Domingo de Pascua” toca, sin desafinar, las notas del pentagrama de la época: el temor, la euforia, las dudas, el desengaño, todo eso que pasó por los cuerpos en fracciones de segundos, aquella tarde de 1987.

Esta nueva publicación nos deja muchos guiños, como el del cartonero que levanta la mirada y te sonríe, y por un momento provoca que ninguno de los dos sea invisible.


Por Agustín Molina, especial para Rama Negra.

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