“En los parques, plazas, jardines y cementerios brota al menor descuido el yuyo de los campos”. La cabeza de Goliat, Ezequiel Martínez Estrada.
“¿Rama Negra? ¿Y por qué ese nombre?”, nos preguntan con asombro. Y claro, para el que transita la pampa húmeda la rama negra es una vieja conocida. A algunos les gusta llamarla “maleza”, en esa extraña manera de señalar como buena o mala a una simple planta.
Nosotros no la juzgamos, simplemente la vemos crecer en cada rinconcito descuidado de nuestra región. Firme y delgada, se multiplica sin piedad y desafía cualquier embate con irónico menosprecio. Incluso en las grietas del pavimento se asoma como avisando a la urbe que debajo de sus pasos sigue resistiendo.
De observar a la rama negra es que decidimos confiar en ella para que nos nombre. Porque así soñamos que sea la cultura: resistente a todo y en constante propagación.
Ambicioso como ese sueño, surgió este otro, el de crear una editorial que eche raíces en el noroeste bonaerense y esparza sus semillas por el mundo.
