“Quien quiera oír que oiga”: Diez poemas sobre la historia de Junín, de Daniel Cormick

por María Silvia Biancardi

Un lugar tiene tantas historias como puntos de vista, porque un mismo hecho puede ser valorado desde múltiples lugares. Sin embargo, esa multiplicidad no siempre se la percibe a simple vista, porque hay una historia que se impone; es la que luego se enseña en las escuelas como única, o aparece en monumentos y nombres de plazas y avenidas. Junín no es la excepción, de modo que quienes no somos expertos en la materia, si queremos conocer la historia de la ciudad a partir de lo que se rescata en sus calles nos encontramos con que la ciudad existe desde que aparece el fuerte Federación, una construcción que tenía como intención primera detener el paso del originario por las tierras que antes le pertenecían. O podemos transitar por cruces de calles como las que forman “12 de octubre” y “Ataliva Roca”, ilustrando así la continuidad de un proceso que se inicia encormick 1492 con la llegada del europeo a América y sigue luego con el exterminio de indígenas en la llamada “conquista del desierto”. O hasta podemos encontrarnos con escuelas que llevan en su nombre la expedición al “desierto”, concepto que borra la existencia de poblaciones que ya habitaban las tierras, y borra, además, la presencia de vegetación autóctona verde como la rama negra, alejada de las arenas blancas de los territorios desérticos.

Sin embargo, toda historia tiene su contrahistoria, y ella necesita de actores que se animen a encontrarla y rescatarla del olvido. El libro que aquí comentamos fue escrito por uno de esos actores cuya curiosidad los obliga a ir más allá de lo visible y aceptado. La lectura de estas historias hechas poesías nos introdujeron en un Junín-otro, uno no contado o, al menos, ausente de la iconografía de la ciudad y de los discursos oficiales. En esta publicación, la primera del autor, Daniel Cormick nos permitió conocer a las maestras juninenses en huelga allá por los años cincuenta, cuando no era tan común verlas movilizadas y sintiéndose “trabajadoras”. Y nos presentó a los obreros ladrilleros, quienes no conformes con el trabajo duro de su vida cotidiana pretendían ni más ni menos lo que todos: una vida mejor para sus hijos; así es como se organizan para generar espacios de formación y cultura. También el fuerte Federación está presente en esta obra, pero desde otras miradas. Entonces aparece Yanquetruz, aquel que seguramente fue invisible, o en un rango menor de humanidad, para quienes solo veían desierto en nuestras pampas.

Por todo esto es que las temáticas que Cormick selecciona nos interpelan, porque hacen a nuestra identidad, y nos obligan a elegir qué historia queremos escuchar. Pero lejos está este libro de la escritura panfletaria o el relato impersonal y frío de los manuales de historia –¡como si se pudiera ser impersonal al contar nuestras raíces!–. Por el contrario, el autor no deja de involucrar sus sentimientos en los textos, de modo que uno puede acompañar sus nostalgias y alegrías al hablar de los ferrocarriles o de los irlandeses en la ciudad.

La elección del género que hace el autor no es un dato menor: Cormick elige la poesía, lo que parece un acto deliberado de ruptura. Por un lado, rompe con lo esperable del discurso histórico, porque de ese modo está estableciendo que la historia es subjetiva, tan subjetiva como un poema. Por otro lado, el uso de la rima en sus versos también es una ruptura con las formas más vanguardistas de la poesía, y eso parece querer dibujar un propósito didáctico en su escritura, en tanto el ritmo en el lenguaje aparece para hacer accesibles los sucesos contados.

Daniel Cormick tuvo la oportunidad de ver sus versos publicados, pero no tuvo tiempo para difundirlos o debatir sobre ellos. Quizás aquellos actores que rescató del olvido lo estuvieron esperando, agradecidos por la tarea emprendida. Quizás ahora esté discutiendo con aquellos que pretendieron borrar de la memoria aquella sentencia que dicta que “hay otra historia”. O quizás esté recitando los versos que le dedica a don Atahualpa y estará recordando con él los tiempos en que el músico anduvo por Junín. Lo que no quedan dudas es que era necesario que él estuviera entre nosotros hasta que este material estuviera listo. Será nuestro deber ahora empaparnos de su espíritu inquieto y seguir reescribiendo la historia juninense.

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3 comentarios en ““Quien quiera oír que oiga”: Diez poemas sobre la historia de Junín, de Daniel Cormick

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